Los avances acaecidos durante los últimos años en los métodos de detección y los tratamientos oncológicos han mejorado la tasa de supervivencia del cáncer. Con todo, multitud de pacientes que superan el cáncer experimentan efectos fisiológicos y psicológicos a corto y a largo plazo motivados por la enfermedad o por el tratamiento, efectos que repercuten negativamente en su calidad de vida.

Uno de ellos son los problemas de sueño: se calcula que entre un 30% y un 60% de las personas con cáncer tiene dificultades para conciliar y mantener el sueño, y que entre un 20% y un 30% sufre insomnio, que llega a persistir una vez finalizado el tratamiento. La aplicación de la terapia cognitivo-conductual como tratamiento contra el insomnio ha demostrado su eficacia, si bien resta por conocer su efecto en la calidad de vida del paciente.

Un estudio publicado en el Journal of Cancer Survivorship analizó los efectos por separado y combinados de la terapia cognitivo-conductual contra el insomnio (TCC-I) y del psicoestimulante armodafinilo sobre la calidad de vida, a raíz de un ensayo controlado y aleatorizado preliminar que evaluó dichos efectos en 95 supervivientes de cáncer. El primer grupo de participantes se sometió a la TCC-I durante 7 semanas y recibió placebo, el segundo recibió la TCC-I durante ese mismo tiempo y armodafinilo (50 mg), el tercero únicamente armodafinilo (50 mg), y el cuarto y último solo placebo.

Los investigadores valoraron la calidad de vida y el insomnio antes, durante y después de la intervención. La primera se analizó con la escala FACT-G (Functional Assessment of Cancer Therapy-General), que valora el bienestar físico, funcional, social y emocional, con puntuaciones de 0 a 108. La escala de valoración del insomnio fue el Insomnia Severity Index (ISI, índice de gravedad del insomnio).

Las diferencias medias en la calidad de vida según la escala FACT-G entre antes y después de la intervención en los cuatro grupos ascendieron a 9,6, 11,6, -0,2 y 3,3, en el mismo orden. Los participantes que se sometieron a la terapia cognitivo-conductual obtuvieron mejores puntuaciones que los demás. Esta mejora se asoció con una mejoría del insomnio. El armodafinilo no tuvo por sí solo efectos en la calidad de vida.

En suma, la terapia cognitivo-conductual destinada a tratar el insomnio que afecta a los pacientes que han superado un cáncer parece ser eficaz, lo que redunda en una mejora de la calidad de vida. Esta mejora se mantiene estable hasta 3 meses después de finalizar la terapia.

A la vista de la alta prevalencia que mantiene el insomnio en los pacientes que han superado el cáncer y de su repercusión sobre la calidad de vida, sería conveniente integrar intervenciones no farmacológicas como la terapia cognitivo-conductual en la atención que reciben al término del tratamiento oncológico.

 

Peoples AR et al. Effects of cognitive behavioral therapy for insomnia and armodafinil on quality of life in cancer survivors: a randomized placebo-controlled trial. J Cancer Surviv. 2017 Jun;11(3):401-409