Casi dos tercios de los niños con autismo sufren insomnio crónico. Estos pacientes son especialmente vulnerables a los problemas del sueño –dificultad para conciliarlo, despertares nocturnos, etc.–, cuyos efectos negativos repercuten en su capacidad de atención, memoria, estado de ánimo y comportamiento.

La naturaleza del insomnio en estos casos acostumbra a ser multifactorial, por lo que cada vez es objeto de estudio por parte de más investigadores. A partir del análisis de la bibliografía científica sobre el tema y con objeto de arrojar luz sobre las opciones de tratamiento e intervención, un estudio ha clasificado las posibles causas del insomnio en el niño autista, designando las de carácter genético, fisiológico o psicológico como intrínsecas y las de orden ambiental o externo como extrínsecas. Así, entre las hipotéticas causas intrínsecas se barajan:

Diferencias en la madurez y la organización del sistema nervioso central: algunos estudios apuntan a que una anomalía en la madurez del sistema nervioso central afectaría a la calidad del sueño y reduciría su eficiencia, duración total y de la fase REM, dificultaría la conciliación y provocaría parasomnias.

Afectación de los genes del reloj circadiano: las anomalías en los genes que regulan los ritmos circadianos –el núcleo supraquiasmático del hipotálamo recibe de la retina información de los patrones diarios de luz y oscuridad y regula tales ritmos– pueden alterarlos, además de trastocar el ciclo de sueño-vigilia. Hay indicios objetivos que vinculan las anomalías en los ‘genes reloj’ y en los genes de la homeostasis sináptica con el autismo y el ciclo de sueño-vigilia, pues una de las funciones del sueño podría ser la de mantener la adecuada homeostasis sináptica de las neuronas.

Producción anormal de melatonina: la melatonina se sintetiza en la glándula pineal del diencéfalo bajo la influencia del núcleo supraquiasmático y participa en multitud de procesos celulares, neuroendocrinos y neurofisiológicos, como el control del ciclo diario del sueño. Así, niveles más bajos de lo habitual de esta hormona pueden provocar insomnio, despertares nocturnos y una mayor latencia del inicio del sueño. El aporte complementario de entre 3 y 5 mg de melatonina ha demostrado mejorar la calidad del sueño en el niño autista cuando las intervenciones conductuales y ambientales  resultan insuficientes.

Hiperactivación y alteraciones de la integración sensorial: el insomnio se podría definir como un estado de hiperactivación cognitiva y fisiológica. De hecho, se ha observado que los insomnes presentan mayor actividad cognitiva y del sistema nervioso simpático, así como una frecuencia cardíaca más acelerada, mayor temperatura corporal y niveles más altos de noradrenalina. Los trastornos como la angustia o el TDAH derivados de esta hiperactivación también pueden causar insomnio.   

Entre las posibles causas extrínsecas del insomnio cabe destacar:

Estrés ambiental: los cambios en la rutina del sueño o en los estímulos sensitivos, o la necesidad de asociar algo (una persona, un objeto) al inicio del sueño favorecen el insomnio.

Estrés psicológico: provocado por situaciones de tensión mental o emocional: causa síntomas físicos como cambios prolongados en el estado de ánimo y el humor, angustia, depresión y, por supuesto, insomnio.

Estrés físico: la enfermedad como proceso estresante que es, empeora la calidad del sueño.  

El niño con autismo es más vulnerable y proclive a ser afectado por todos esos factores extrínsecos e intrínsecos, por lo que a la hora de abordar su insomnio conviene recordar que varias de esas causas pueden concurrir de forma simultánea.

 

Souders MC et al. Sleep in Children with Autism Spectrum Disorder. Curr Psychiatry Rep. 2017 Jun;19(6):34. doi: 10.1007/s11920-017-0782-x.