El sueño en niños y niñas con trastorno generalizado del desarrollo (TGD)

Los trastornos del sueño son una realidad cada vez más común entre la población pediátrica. El uso de dispositivos electrónicos, la luz artificial, la comida rápida, las largas jornadas de extraescolares y los cambios de ritmo constantes en sus vidas pueden conducir a padecer una alteración relevante del sueño en cualquier niño.

En los trastornos generalizados del desarrollo (TGD), son muy frecuentes los trastornos del sueño. Se estima que entre un 40 y 86% de estos niños presentan dificultades para conciliar el sueño y sufren despertares nocturnos, una situación que resulta especialmente estresante para el entorno familiar. Se debe tener en consideración que las alteraciones del sueño en los niños no suelen producir somnolencia o fatiga, sino que más bien al contrario, pueden manifestarse paradójicamente como hiperactividad, inestabilidad emocional e irritabilidad, menor tolerancia a la frustración, alteraciones en la conducta y agresividad.

Asimismo, los trastornos del sueño y sus consecuencias afectan al buen funcionamiento diurno de los niños, mermando su capacidad de aprendizaje y agravando sus síntomas de base. Por lo tanto, el diagnóstico y tratamiento de los trastornos del sueño es especialmente valioso en estos niños porque favorece considerablemente su neurodesarrollo y mejora su calidad de vida y la de su entorno familiar.

 

¿Que beneficios tiene un buen descanso en los niños y niñas de edad escolar?

Es tan importante el número de horas que duermen como la calidad del sueño. Durante el sueño, la actividad del organismo se mantiene a un nivel alto, muy especialmente a nivel cerebral, teniendo lugar diferentes procesos del todo esenciales para el buen desarrollo del niño, tanto físico como cognitivo y emocional.

Las principales funciones del sueño son las siguientes:

  • Restaurar la homeostasis del sistema nervioso.

El sueño y la vigilia son dos estados vitales diferentes, complementarios e interdependientes. Durante el día, el ritmo circadiano de nuestro organismo y la actividad acumulada durante el día irá preparando y aumentando progresivamente la necesidad de dormir. Un descanso completo en tiempo y calidad será la única manera de recuperar el tono vital y la capacidad de respuesta de nuestro sistema nervioso para afrontar adecuada y saludablemente un nuevo día.

  • Consolidación de la memoria

Durante la fase de sueño REM, el cerebro trabaja intensamente en la consolidación de la información que debe ser almacenada en la memoria. La adecuada selección de la información incorporada constituye una parte esencial del aprendizaje de los niños y es imprescindible para su desarrollo cognitivo.

 

  • Restablecer la capacidad de almacenamiento energético de las células

Durante la noche tiene lugar un “reset”, una puesta a punto, que permite a los niños responder adecuadamente y con plena energía a sus necesidades diurnas en el juego, el aprendizaje y en su socialización. En el caso de que este “reset” fuera incompleto por la falta de sueño, los niños podrían mostrarse cansados o hiperactivos, tratando de compensar esa falta de energía con reacciones no deseadas.

 

  • Regulación de la hormona del apetito

Un mal dormir por sueño deficitario, conduce a una desregulación de las hormonas del apetito (ghrelina y leptina), favoreciendo la sensación continuada de hambre y, si la privación de sueño se produce de forma persistente, a la aparición de un trastorno importante en los hábitos alimenticios del niño y al desarrollo de obesidad.

Para un tratamiento efectivo de la obesidad de los niños será imprescindible asegurar un sueño saludable en horas y calidad.

  • Secreción de la hormona del crecimiento (GH, del inglés growth hormone)

La secreción de la hormona del crecimiento ocurre mayoritariamente durante la primera parte de la noche. Para asegurar una óptima secreción de esta hormona, y por lo tanto proteger el crecimiento correcto y adecuado de los niños, es igualmente importante proteger el sueño de calidad.

 

Tipos de Trastornos Generalizados del Desarrollo propensos a sufrir trastornos de sueño:

  • TDAH
  • TEA
  • Trastornos del aprendizaje
  • Síndrome de Down
  • Trastorno Negativista Desafiante (TND)

 

Para todos ellos, es absolutamente recomendable buscar el apoyo de especialistas de estos trastornos así como especialistas del sueño que garanticen una intervención profesional y efectiva.

 

¿Qué síntomas pueden hacernos sospechar que hay un trastorno de sueño?

Es de capital importancia prestar atención a cómo duermen los niños con trastornos TGD, pues la prevalencia de trastornos del sueño es alta y resulta muy importante identificar el problema para intervenir rápidamente en su corrección.

El trastorno de sueño tiene una repercusión marcadamente negativa durante el día. Algunos síntomas diurnos nos ayudan a detectar un posible problema de sueño. Estos pueden ser:

  • Cansado
  • Somnolencia diurna excesiva como dormirse fácil e involuntariamente durante sus actividades habituales (clase, coche…)
  • Ojeras
  • Dolores constantes
  • Estado de hiperactividad
  • Problemas de conducta, agresividad
  • Cambios de humor o bajo estado de ánimo
  • Hambre a deshoras, especialmente voraz al final del día
  • Problemas de aprendizaje
  • Problemas de concentración
  • Ronquidos
  • Sueño llamativamente inquieto durante la noche

¿Cómo actuar ante una sospecha de problemas de sueño?

Ante la sospecha de que un niño presenta síntomas de problemas de sueño es recomendable consultar con un especialista para que identifique la presencia de un trastorno del sueño y, si precisa, ofrezca las intervenciones y recomendaciones correspondientes a la familia y a la escuela. Los problemas de sueño suelen presentar alteraciones en la conducta y el aprendizaje, por lo que suelen producir peores niveles de adaptación social y menor rendimiento escolar. Resultará de capital importancia el prestar máxima atención por parte del entorno familiar de los niños.

 

Recomendaciones generales de la higiene del sueño:

  1. Es importante mantener unas rutinas regulares, especialmente siendo precisos con los horarios de sueño (hora de despertar y hora de ir a la cama) tanto entre semana como durante el fin de semana.
  2. Regularidad con los horarios de comidas (preferiblemente tempranos) y evitar el picoteo entre horas.
  3. Exponerse a la luz natural durante el día. Despertar a los pequeños abriendo persianas o ventanas y desayunar con exposición a la luz solar en vez de eléctrica.
  4. Añadir tiempo de actividad física o psicomotricidad por la mañana para activar el cuerpo.
  5. Dedicar un tiempo acordado de ocio y pantallas (hora y duración). Evitar pantallas 2h antes de dormir, cambiando la intensidad y color de la luz.

Ej. Usar filtro de luz roja/naranja/cálida o disminuir el uso de luz eléctrica en la casa.

  1. Crear una rutina de sueño con pocos pasos, pero siempre en el mismo orden. El uso de agendas visuales está altamente recomendado.

Ej. Ducha, pijama, cena, contar cuento en el salón e ir a la cama para dormir.

  1. Mantener la habitación fresca, la temperatura óptima para dormir es entre 18 y 20 grados.
  2. Participar en actividades que requieran actividad mental y movimiento por la mañana. Evitar hacer ejercicio físico hasta muy tarde.
  3. Baño de agua templada por la noche, ya que un cambio de la temperatura corporal podría dificultar la conciliación del sueño.
  4. Cenar pronto (1-2h antes de dormir), equilibrado y sin distracciones.

Evitar usar la habitación como zona de juego o castigo para no crear una asociación errónea