El cáncer de mama es el tumor más frecuente en las mujeres occidentales. De esta enfermedad, cuyos factores de riesgo condicionan la aparición de distintos tipos del mismo, se diagnostican cada año en España  unos 25.000 casos nuevos, según la Asociación Española Contra el Cáncer (AECC). En los últimos años, ha surgido un creciente interés por el estudio de la relación que pueden guardar los trastornos del sueño con la aparición de los tumores. Fruto de esa inquietud, algunos estudios epidemiológicos han señalado que el sueño breve y deficiente podría incrementar el riesgo de padecer cáncer de mama.

Pese a lo anterior, apenas hay estudios que analicen esa relación hipotética del sueño –sobre todo de su calidad– con los síntomas más agresivos de este tipo de cáncer. La invasividad del tumor afecta a la calidad de vida y la supervivencia y determina las recidivas, por lo que los descubrimientos en este campo podrían ser de gran ayuda para su prevención y control.

Tanto el riesgo de cáncer de mama como la falta de sueño parecen mostrar una amplia variabilidad en los diversos grupos étnicos –las mujeres afroamericanas presentan los mayores índices, tanto de falta como de exceso de sueño, así como de incidencia de tumores mamarios agresivos–, de ahí la importancia de estudiar las posibles asociaciones en cada grupo por separado.

A ese respecto, un estudio publicado en Breast Cancer Research and Treatment analizó los datos de 4.171 mujeres blancas no hispanas y 235 afroamericanas de entre 50 y 79 años que participaban en el Women’s Health Initiative (WHI) Observational Study (1994–2013), a las cuales se les había diagnosticado un tumor invasivo de mama. El análisis relacionó la duración, la calidad del sueño y el insomnio con el estadio y el grado tumoral, así como con el estado de los receptores hormonales y del HER2 (receptor 2 del factor de crecimiento epidérmico humano). Los cuestionarios de autoevaluación del WHI inquirían sobre la duración y la calidad del sueño, los despertares nocturnos, la dificultad para conciliar el sueño y clasificaban a las participantes según el estadio y tipo de tumor –PR, ER, HER2, triple negativo, localizado, regional y distante.

Los investigadores constataron que las mujeres blancas no hispanas que dormían no más de 6 horas tenían más probabilidades de padecer tumores con metástasis (regional y distante) en comparación con las que dormían 7 u 8 horas cada noche. No se observó ninguna otra asociación de otras variables del sueño con el estadio del cáncer en dichas mujeres.

Las mujeres afroamericanas refirieron una duración del sueño menor que las blancas no hispanas –un 18% dormía 5 horas o menos, porcentaje que en estas últimas era del 5%. Además, las que reconocían tener un sueño de calidad media o mala tenían más probabilidades de que se les diagnosticara un cáncer de mama triple negativo, el tipo de mayor malignidad y con menos opciones de tratamiento, que aquellas que calificaban su sueño como reparador. También se pudo relacionar, si bien más sutilmente, la mala calidad del sueño con las metástasis regionales y a distancia.

El presente estudio muestra que aspectos como la duración y la calidad del sueño parecen estar vinculados con la aparición de tumores o de síntomas tumorales más agresivos en las mujeres postmenopáusicas,   relación que diferiría según el grupo étnico. Futuros estudios que hagan una caracterización más detallada de los patrones de sueño y dispongan de muestras más extensas que incluyan a mujeres de otros grupos étnicos, podrán arrojar luz sobre las causas de tales diferencias.

 

Soucise A et al. Sleep quality, duration, and breast cancer aggressiveness. Breast Cancer Res Treat. 2017 Jul;164(1):169-178.